La piedra de Rosetta: cómo volvimos a leer el antiguo Egipto

Por Èric Kirby

La piedra de Rosetta es famosa por lo que permitió hacer muchos siglos después de su elaboración. Su importancia para el estudio de Egipto nace de un encuentro entre un documento antiguo y un problema moderno: recuperar la lectura de una escritura cuyo conocimiento se había perdido. Para entenderlo hay que separar ambas historias.

Un decreto, tres escrituras

La inscripción contiene un decreto sacerdotal fechado en 196 a. C., durante el reinado de Ptolomeo V. Su función original estaba vinculada a la relación entre la monarquía y los templos, no a enseñar a futuros investigadores cómo traducir jeroglíficos.

El texto aparece en escritura jeroglífica, demótica y griega. Conviene distinguir escritura y lengua: jeroglífico y demótico representan aquí el egipcio, mientras que el tercer texto está en griego. La coexistencia de las tres versiones convirtió un documento político y religioso en una herramienta de comparación extraordinaria. No era un diccionario, aunque terminaría ayudando a abrir una puerta a la lengua antigua. British Museum · The Rosetta Stone, Google Arts & Culture.

Un objeto con una historia moderna

La piedra fue encontrada en 1799 por miembros de la expedición francesa en Egipto, durante trabajos en un fuerte próximo a Rashid, llamada Rosetta en lenguas europeas. Tras la derrota francesa pasó a manos británicas en el marco de los acuerdos de 1801 y llegó al British Museum.

Su recorrido recuerda que los objetos arqueológicos tienen más de una biografía. Podemos estudiar el contexto en el que fueron producidos y también las circunstancias en que fueron encontrados, trasladados y expuestos. Ambas historias importan. Presentar una pieza como si simplemente hubiera aparecido en una vitrina elimina parte de la información necesaria para comprenderla. British Museum y Smarthistory · The Rosetta Stone.

Thomas Young: los primeros avances decisivos

Thomas Young merece un lugar central en esta historia. Desde 1814 estudió las inscripciones de Rosetta, reconoció la relación entre el demótico y los jeroglíficos e identificó valores fonéticos en el cartucho de Ptolomeo. Publicó sus resultados en 1819 en el artículo «Egypt» de la Encyclopaedia Britannica, antes del anuncio de Champollion. Había demostrado que algunos signos podían representar sonidos, un avance fundamental para abrir el camino a la lectura. Su propuesta todavía contenía errores y no había establecido hasta dónde se extendía ese funcionamiento fonético fuera de los nombres extranjeros. Royal College of Physicians · Thomas Young and the decipherment of hieroglyphics.

Champollion: ampliar la lectura del sistema

Jean-François Champollion presentó sus avances en 1822 y desarrolló su explicación en el Précis de 1824. Su aportación fue más allá de confirmar los resultados de Young: identificó nombres de faraones anteriores a la dominación griega y mostró que el uso fonético de los jeroglíficos también pertenecía a la escritura del propio egipcio. Su conocimiento del copto le permitió reconocer palabras y elementos gramaticales. Ese paso amplió la lectura desde determinados nombres hacia la comprensión de la lengua y sentó las bases para continuar el desciframiento. Yale Peabody Museum · Précis du système hiéroglyphique des anciens.

Una disputa por el reconocimiento

El reconocimiento de estas aportaciones fue motivo de controversia. Young consideró que su trabajo no había recibido suficiente crédito, y la Biblioteca de la Universidad de Cambridge destaca cuánto debió el éxito de Champollion a sus investigaciones previas. Por eso, una historia rigurosa del desciframiento debe hacer visibles los logros concretos de Young y explicar también los avances propios de Champollion. La lectura del egipcio se recuperó mediante una acumulación de hallazgos, comparaciones y correcciones en la que participaron varios investigadores. Cambridge University Library · A letter of apology to Thomas Young.

Qué puede observar quien empieza

Una primera pista visual son los cartuchos, los marcos ovalados que encierran nombres reales. Identificarlos permite reconocer una categoría de información sin saber todavía traducir todo el texto. Es un comienzo útil, aunque no convierte la lectura de cualquier inscripción en una tarea inmediata.

Al acercarnos a un documento conviene separar tres preguntas: qué signos vemos, qué sonidos o funciones tienen y qué significa la frase completa. Reconocer un nombre no equivale a dominar la gramática. La curiosidad inicial puede apoyarse en detalles visibles y avanzar, después, hacia el aprendizaje de la lengua. British Museum · Museum explorers: Ancient Egypt.

Una puerta abierta a otras voces

Rosetta cambió las posibilidades de investigación al ayudar a recuperar el acceso a textos egipcios. Su historia invita a valorar tanto el hallazgo como la labor de lectura. Una inscripción no se explica solo porque se conserve: necesita comparación, conocimiento lingüístico y atención a su contexto. Esa tarea continúa cada vez que se estudia un documento.

Fuentes y lecturas

British Museum · The Rosetta Stone, Google Arts & Culture.

British Museum y Smarthistory · The Rosetta Stone.

Royal College of Physicians · Thomas Young and the decipherment of hieroglyphics.

British Museum · Museum explorers: Ancient Egypt.

Yale Peabody Museum · Précis du système hiéroglyphique des anciens.

Cambridge University Library · A letter of apology to Thomas Young.